95. QUEDARSE COMO LOBO UN TIEMPO
—¿Aún quieres saber lo que soy y como sé del lobo?
No me responde, solo me mira con temor aferrándose fuertemente a la sábana.
—Te traje algo de ropa —digo con suavidad, señalando el pequeño montón que dejé en la esquina de la cama—. Pero antes de vestirte, quiero que te mires en el espejo. Cuando estés lista, llámame... y hablaremos.
Me incorporo con lentitud. Justo antes de cruzar la puerta, me detengo un instante y la observo una vez más, atrapando en mi memoria su expresión vulnerable y el