34. SUS OJOS LO BUSCAN A ÉL
¿Cómo pude alguna vez querer convertirla en mi luna?
—Sal de aquí, Marta —digo con voz baja y tensa, sin apartar la mirada de la suya—. Antes de que alguien te descubra. Regresa a la cama de tu marido.
Una vez dichas esas palabras el olor inconfundible de aquella mujer llega a mí. Lo que sea que le echaron a estas paredes hace que no sepa que tan cerca está o en que dirección, pero en definitiva debe estar muy cerca para poderla captar.
—No puedes desechar todo lo que hemos vivido. Me extrañas