31. ESCAPE DE RAQUEL
Estoy inspeccionando los cultivos cuando un joven trabajador llega corriendo hacia mí, con el rostro empapado de sudor y la respiración agitada.
—¡Patrón, patrón! Lo están buscando —dice, señalando con urgencia el camino hacia la casa.
—¿Quién? —pregunto, intrigado, seguro de que no puede tratarse de Iván Felipe.
—Don Noé. Dice que es urgente.
Sin perder tiempo, tomo ese rumbo, con una sensación incómoda anidándose en mi pecho. Había pedido que me informaran si surgía algo grave con la manada,