16. DIACONO JUAN BENEDICTO ENRIQUEZ
— Deberías descansar. Se nota que está agotada —digo a la novicia que me asiste en las labores de limpieza en la bodega de imágenes.
—No se preocupe, reverendo Enríquez. Estoy bien. Aún me queda mucho por hacer —responde, mientras sigue frotando el áspero piso con un cepillo desgastado.
Sus palabras no me convencen. Su palidez es evidente, y aunque nuestras conversaciones hasta el momento habían sido escasas, se nota que es una joven educada y de buena familia. Posee una compostura natural, dil