—¡Shshshsh! No puedes gritar —le susurró con malicia—. Mira que despiertas a la nena…
Kali le dirigió una mirada asesina, pero en cuestión de segundos ya Elliot se la había borrado a fuerza de besos.
—¡Mierd@! —gruñó sintiendo cómo se perdía en ella, cómo la invadía y la rompía con movimientos cad