—¡No grites! ¡No grites! ¡Cálmate!
—¡Elliot! ¡El único que está gritando eres tú! —le dijo Kali muerta de risa antes de volver a apretar su mano con otra contracción.
El hospital solo quedaba a quince minutos pero aun así Elliot los sintió eternos. Estaba nervioso, estaba asustado, pero más que to