—No la necesito —respondió Kali.
—Sí, sí la necesitas porque no puedes comer aire —dijo Valeria con suavidad y la obligó a aceptarla—. Además mi hermano tiene la absurda creencia de que no sabes cocinar ni un huevo frito, menos valerte por ti misma, y no puedo esperar a ver cómo le callas la boca.