—¡No te metas, que esto no es tu problema, idiota…! —le gritó Lilian y Elliot hizo un movimiento hacia ella, pero una mano pequeña y firme lo detuvo.
—¡Dulcifícame tu voz! —le gruñó Kali y sus ojos se ensombrecieron en un segundo, haciendo que Lilian retrocediera inconscientemente—. Me da igual que