—¡Me vas a volver loco, m*****a sea! —gruñó sacándole la ropa y tratando de quitarse la suya al mismo tiempo.
Aquel reguero de manos, besos, caricias urgentes y lenguas recorriendo la piel… desembocó en gemidos sordos y gruñidos de alivio cuando Elliot le dio la vuelta y la hizo apoyar ambas manos