Muchas eran las razones que habían llevado a Sohan Dhawan a subirse a un avión y aterrizar en Los Ángeles. Desde hacía meses que había estado tratando de contactar a su hija sin éxito.
Kali siempre le había dado más dolores de cabeza que nadie, pero todo se había agravado durante los últimos meses, cuando uno de sus asociados le había reclamado que el apellido Dhawan estuviera ligado a una de las fundaciones americanas que más guerra daba con todo el m@ldito asunto de los derechos humanos de l