Cuando a Evans le dijeron que un hombre llamado Gerald lo buscaba, inmediatamente lo dejó pasar, claro, que mucho antes ya había dado la orden. Esperaba un señor mucho mayor al hombre que entró, un hombre que lo miró de pies a cabeza.
—Evans Sullivan — dijo presentándose y tendiendo su mano.
—Gerald Morris — contestó aceptando la mano del joven — Un gusto. Voy a ser sincero, señor Sullivan, vine hasta aquí porque realmente tuve mucho interés de conocerlo, en cuanto Nathalie me dijo que se ha