Me cuesta tragar el líquido burbujeante mientras la emoción me atenaza la garganta.
Toso, intentando mantener la compostura.
Violet posa su suave mano sobre mi antebrazo. —¿Estás bien?—
—Sí, sí, estoy bien. —Echo la cabeza hacia atrás y miro al techo para contener las lágrimas. Siento que todos me miran.
—¿Puedo hacer un brindis?— pregunta Violet.
—Adelante—, dice mi padre con seguridad.
Relajo los hombros y exhalo. Tomo mi vaso y doy un trago enorme. —Estoy bien—, le digo a nadie en particular