LIZ.
No puedo creer que tenga una niñera.
Resoplo al salir del lugar con él, miro alrededor y no dice nada, así que me acerco al policía que va a estar a cargo de mi.
—¿Cuál es tu auto?— cuestiono molesta
—Ya nos vamos, debes esperarme—
—No lo puedo creer— susurro
— Yo tampoco lo deseo, pero no dejaremos a una delincuente suelta, además hicimos un trato— ruedo los ojos
—Solo apúrate— digo y espero
Pasan diez minutos en los cuales me muero de desesperación, la banda sabe que no tiene que llamar