Mis instintos se encendieron, y volví a cubrirla con la manta.
Pero Naiara, decidida a desafiarme, se la quita nuevamente. En este tira y afloja, nuestras emociones se enredaban, hasta que perdí el equilibrio y ambos caímos sobre el mueble.
Nos quedamos quietos por un momento, aturdidos. Ella se burla.
—Me dijeron que no se te para, pero parece que está bien despierto.
—Me hiciste una brujería —le respondo, tratando de sonar serio, aunque la situación era todo menos normal.
—Entonces tendré que