Antonio corrió por los pasillos a todo lo que le daban las piernas, observo al imbécil entrar al ascensor.
Hizo lo mismo, no pensaba dejarlo escapar, podía sentir la sangre deslizándose por su brazo izquierdo.
Pero no le presto importancia a ese detalle, no podía permitir que ese hombre se escapara de sus manos.
Necesitaba saber quién estaba detrás de todo eso.
El ascensor se abrió, observo al hombre salir por las puertas del hospital.
Empezó a correr nuevamente tras él, era de noche, así