Mundo ficciónIniciar sesiónDiego y Grecia se despidieron de Basil al final de la tarde, cuando el sol empezaba a ocultarse y el cielo se tornó naranja. Era una vista hermosa desde los cielos, una que solo Basil tuvo oportunidad de disfrutar, mientras que en tierra Diego observaba a Grecia como si le hubiesen salido dos cabezas, sin poder creer ese comportamiento que estaba teniendo.
—¿Puedo saber por qué tanta amabilidad con Basil? —preguntó con tono celoso.
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