Ella observó la perilla de la puerta por algunos minutos, adentro se escuchaba música a muy bajo volumen, ella tocó la puerta y se escuchó una voz grave decir. “Adelante”.
Eva giró la perilla despacio y abrió muy lentamente, frente a ella había una gran ventana con cortinas blancas largas, por ahí entraba la luz del día, una pequeña mesa llena de libros y un hombre en una silla de ruedas, él leía un libro tranquilamente, con ayuda de la luz de la ventana.
Él levantó la vista y miró a la mujer