Charlie le explicó. “Sebastián quería que te convirtieras en un hombre de bien, el tiempo que estuvo en ti se dio cuenta de la mierda de vida que llevabas y cómo tus problemas arrastraban a tu abuela”.
“¡No puedes encerrarme!”. Le gritó a Charlie ignorando sus comentarios, sintió algo caliente en la nariz, se tocó con los dedos, era sangre. “¿Qué demonios…”
No pudo terminar su frase y cayó inconsciente en el piso. Charlie se acercó rápidamente. “¡Fabián!”. Lo movía para que reaccionara, pero F