Isabella seguía sentada en la parte de atrás del coche, estaba furiosa por el atrevimiento de Luciano, por todoooo el atrevimiento de hecho
El ruido del estómago de Isabella se escuchó, ella estaba hambrienta, el Alfa estiró la mano y tomó el sándwich para dárselo a la loba
— ¡No lo quiero, no tengo hambre!
— Tu estómago gruñe, debes comer, los cachorros necesitan de toda tu energía, además no voy a secuestrarte, así que no es necesario que hagas una huelga de hambre, come, después de follar