Alice se cruzó de brazos, su mente trabajando a mil por hora. La revelación de Moscú sobre Damián la dejó inquieta, pero también con una chispa de determinación.
—No sé quién es ese hijo de perra y no me importa ni un poco…—dijo Mia, con su voz firme. —Lo único que me importa es que no es inmortal, ni está hecho de goma; es humano como nosotros y solo basta una bala para acabar con él.
Moscú asintió, su expresión seria.
—La rubia tiene razón. No podemos permitir que se convierta en un jugador li