Capítulo 87: Una felicidad sin igual.
La chica no dejaba de llorar y eso no solo angustiaba a Harvey, sino que King también estaba ansioso y preocupado.
—Por favor, no llores más, —murmuró Harvey con una voz que envolvía como manto cálido, mientras sus brazos fuertes y seguros rodeaban a la temblorosa figura de ella.
Las lágrimas dejaron de brotar, y en el silencio que siguió, se apartó un paso, apenas suficiente para mirarla a los ojos.
—¿Estás bien?
Ella asintió, aún cautiva, en el resguardo de su presencia.
—Gracias —susurró.