154. CURANDO A MI ALFA
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Pensé y entonces recordé las caritas de dos bebés hermosos. Es cierto, yo tengo dos niños, sí, sí, son míos, míos y de mi…
¿De quién más?
No recordaba, pero esa voz insistente me llamaba, sanando las heridas de mi alma, así que me aferré a ella como un loco, quería verla, hice una promesa, no podía fallarle, no podía fallarle de nuevo a ella…
— Amalia – su nombre salió de mis labios y abrí al fin mis ojos a la luz.
Sobre mí, el rostro más hermoso, la mujer de mi vida, ella era la madre de