Llegué a casa hecha nada, Domenic drenaba por completo mi energía, cada cosa que salía de su boca era para decirme lo mala que era.
— ¡Cariño! — grito mamá desde las escaleras.
Yo cambié la cara y puse una enorme sonrisa, no quería decirle nada de lo que me había pasado.
Mamá bajo las escaleras y se acercó a mi.
— ¿Como te fue? — Me preguntó.
Yo sonreí aún más amplio.
— Exelente, Domenic es un encanto como jefe. hoy he aprendido muchísimo — Le menti de la manera más descarada.
A mí madre le bri