Claudine se veía molesta y eso me gustaba de ella, sus expresiones eran tan genuinas que podía adivinar lo que sentía con tan solo verla.
Yo le di un par de vueltas al la caja entre mis dedos, como burlándome de ella.
— ven aquí — Le pedí.
Claudine se levantó y camino detras del escritorio.
— Siéntate en mis piernas — Le ordene.
Ella se cruzó de brazos y nego con la cabeza.
— Entonces no te daré nada — le dije.
Ella se encogió de hombros.
— No me importa, mi papá puede comprar sea lo que sea qu