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A la mañana siguiente, mientras estaba en la ducha la imagen de Claudine llegó a mi cabeza, su piel bronceada y suave, sus pechos llenos coronados por ese par de pequeños chocolates. agarré mi polla que ya estaba bastante dura y empecé a subir y bajar mi mano, pensar que nadie ha tocado su cuerpo me ponía de una manera exagerada, imaginarme entrando en ella y saber que fui el primero me hacía la boca agua, necesitaba tenerla. jamás me había encaprichado con con una mujer, siempre he usado y dese