C158- LO ÚNICO QUE NO ME PERDONO
Tras el estallido de la discusión, las mujeres se retiraron y el silencio se instaló en el estudio. Braxton caminó hasta el mueble bar, sirvió un trago doble de whisky y lo vació de un solo movimiento. Sus manos, aún ligeramente temblorosas por la adrenalina, buscaron el vaso para repetir la dosis. Ian lo observaba desde el escritorio, apoyado en el respaldo de la silla, sin saber cómo romper la pared que su amigo acababa de levantar.
—Brax… —comenzó Ian.
—No —l