56. ¿SEBASTIÁN ME SALVÓ?
Tengo mucha sed, los labios resecos y un dolor en el pecho. Trato de abrir los ojos, pero los párpados me pesan y, poco a poco, empiezo a adquirir conciencia de otras cosas. Un incómodo sonido electrónico de fondo, el olor a medicamento y lejía, y de pronto recuerdo lo que pasó: fui herido. Fuimos citados para negociar un traslado grande, por eso debía ir yo a una parte específica y reunirme con Yoshua Ben Gion, pero en el camino fuimos emboscados.
Todo sucedió tan rápido que incluso yo no estoy