C57-LA PAZ QUE TÚ NO PUEDES OFRECERLE
El mercado de la fortaleza era un hervidero de colores y olores. Puestos de especias, telas, pieles y armas se alineaban en las calles de piedra. La gente iba y venía, comerciando, riendo, viviendo.
Tristán caminaba al lado de Arianne, observándolo todo con curiosidad.
—Es impresionante —dijo—. Tu manada ha construido algo muy grande aquí.
—No es mi manada —corrigió Arianne con suavidad—. Quiero decir, lo es, pero… todavía me siento nueva.
Tristán la miró.
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