C49 -SU LEALTAD Y ARIANNE
Las mazmorras abandonadas bajo la fortaleza apestaban a humedad. El agua se filtraba por las grietas de las piedras, formando charcos que reflejaban la luz temblorosa de una sola antorcha.
Kaeelen apoyó su bastón contra el muro y miró a su hijo con una expresión que helaría la sangre de cualquiera.
Era disgusto.
La decepción de un padre que esperaba más y recibió menos.
—Has fallado —se quejó—. Has fallado, hijo.
Dorian apretó la mandíbula. No respondió, porque las pal