C116-NUESTRA VENGANZA
Arianne se quedó mirando la mancha blanca que se secaba en su piel, fría ya, y el placer que había sentido segundos antes se había evaporado, dejando solo un hueco que le dolía en el pecho.
Entonces se incorporó de golpe y la furia le subió por la garganta como bilis.
—¿No puedes o no quieres? —exigió—. Dime la verdad, Axel. Mírame y dime la verdad.
Él giró la cabeza apenas, lo suficiente para que ella viera el perfil de su mandíbula apretada y los ojos brillando en la pen