Capítulo 157. El deber de un Kami.
La sala seguía cálida por la chimenea, pero Eliot ya no era capaz de percibir nada de eso. Toda su atención estaba puesta en Seiya: en la tensión visible en su cuerpo, su respiración alterada y en la forma desesperada en que intentaba llegar hasta la puerta.
Eriss seguía en sus brazos, inquieto por el cambio brusco en el ambiente, aferrando apenas a su ropa mientras soltaba pequeños quejidos.
Se puso en pie y volvió a sujetar a su esposo por la muñeca, intentando detenerlo antes de que abriera