—Cuentame, Miguel —le dice Margaret nada más llegar a la cocina. Miguel se sienta un taburete, cola sus manos en la isla, mientras ve a su compañera tomar dos tazas y servir el café— ¿Por qué traes esa cara?
El rubio suelta un suspiro con pesar.
—No sé ni por dónde empezar —suelta decaído.
—Por el principio, ¿no crees? —le pregunta la mujer, robándole además una sonrisa por su forma de hablar.
Miguel niega con la cabeza divertido, por unos segundos dejando de lado, todas las sensacione