Le tiendo mi mano y una sonrisa amigable.
―Ven conmigo, Abigaíl, tengo muchas cosas que contarte.
Ella la toma con toda confianza. Me sorprende notar que el tacto ya no provoca el mismo efecto que antes. Lo que sentí aquella vez por ella, ya no existe. Quiero a Abigaíl, pero de la forma en que lo haces por una buena amiga. Sin embargo, con Cynthia…
Hago desaparecer el pensamiento tan pronto como este surge. Entramos a mi despacho y la convido a sentarse en uno de los sillones individuales. La