—Te juro haber visto a Peter, Marcos —insistí abriendo la puerta de mi casa y entrando. Marcos entró detrás de mí. Dejé la mochila en el sofá y me dirigí hacia la cocina. Necesitaba comer algo.
—Te creo, es solo que me parece extraño... —murmuró.
Al llegar a la cocina me preparé un sándwich.
—¿Quieres? —lo molesté un poco, aunque me pareció un poco cruel de mi parte así que me arrepentí al segundo.
—Las ventajas de estar muerto es que no siento nada de hambre así que no me puedes hacer dese