Estaba un poco confundida, demasiado desorientada para pensar con la cabeza fría. A Marcos lo habían asesinado, ya no había dudas; los policías lo creían, yo lo creía ¿y qué hay de los demás? ¿Qué hay de sus padres? Respiré profundo una y otra vez para poder tranquilizarme un poco. El chico que estaba sentado en el borde de mi cama me miraba expectante.
—¿Cómo puedes hacer eso? —pregunté después.
—¿Qué cosa?
—Creí que traspasabas las cosas —respondí dudosa.
—Lo sé, también me sorprendí pero