Él se queda callado y suspira, escucho unos pasos cerca y giro un poco la cabeza, es Atlas con una sonrisa.
—Tranquila, prometo no darle al vientre —se burla y después se va.
—Que imbécil —no me cae bien.
—Será mejor que nos vayamos, mañana es la pelea. —me recuerda Ross.
Ambos caminamos y salimos de la universidad, la manada de Rocoso esta presente y apoyan mucho a Atlas. Sé que no necesito quedarme, solo recibiré palabras para desanimarme.
Apenas llegamos a casa, Ross comenzó a entrenar,