—No quiero. —replicó. —Esta es mi casa y tu solo eres una invitada.
¡Maldita sea,!. Porque mierdas no se va y punto. ¿Acaso quiere guerra?. ¿Tanto desea una pelea conmigo por ese imbécil?.
Me doy vuelta y la observo mientras mis ganas de estrangularla por meterse con Sebastián crecían de una ta considerable que estaba por explotar.
—¿Que quieres?. —la encaré.
—Provocarte —respondió con una sonrisa malvada.
Coloco mis manos en mis caderas mientras me río sarcástica inclinando mi cabeza hacia