158. No te merece
Lluvia.
Una mano se posa en mi hombro y comienza a sacudirme para que despierte, no quiero hacerlo, tengo mucho sueño y mi cuerpo pide a gritos no sacarlo de la infinita comodidad en la que se encuentra. Pero mi estómago protesta y no es un rugido de hambre, los pequeños comienzan a patearme; cierro los ojos con fuerza, el dolor me acalambra el cuerpo y hace que el rastro de sueño desaparezca, siento que mis costillas podrían romperse en cualquier momento.
Me giro lentamente para quedar de fre