28.
Mauricio me deja pasar primero cuando llegamos y yo observo todo a nuestro alrededor, jugando con mis dedos debido a los nervios. Respiro hondo y escucho cuando cierra la puerta tras de mí.
― ¿Quieres quedarte con el saco o…? ―pregunta cerca de mi oído, erizándome los vellos de la nuca.
―No, no. Aquí tienes ―digo, quitándome su saco negro de mis hombros y lo encaro para ver como lo coloca en un gancho cerca de la puerta―. Fue una larga noche.
―Y lo que falta ―dice, acercándose a mí.
Sus ojos co