Mundo ficciónIniciar sesiónMeu amado, Aníbal, demonstrava um profundo amor por mim; todos diziam que ele era o marido ideal. Contudo, ele me traiu três vezes. A primeira vez foi há três anos, quando o seu amigo, Arthur, morreu para salvá-lo. Aníbal escondeu de mim que era casado no civil com a Carolina, namorada de Arthur. Eu estava de coração partido e decidida a deixá-lo. Naquela mesma noite, após mandar Carolina para o exterior, ele se ajoelhou diante de mim e suplicou desesperadamente: — Lívia, o Arthur deu-me a sua vida. Eu preciso cuidar da viúva dele. Este casamento é apenas uma garantia para a Carolina. Assim que eu vingar a morte do meu amigo, vou me divorciar dela. A única mulher que eu amo é você! Desta vez, eu o perdoei. No ano seguinte, durante uma coletiva de imprensa, Aníbal apresentou Carolina, diante de todos como esposa do líder. Ele me explicou: — A Carolina é a única filha da família Sousa, que controla a máfia. A nossa união é estratégica, uma aliança de forças para vingar o Arthur! Já combinamos: quando tudo estiver resolvido, eu me divorcio dela e me caso com você imediatamente! Eu acreditei de novo. Um ano atrás, durante uma festa, alguém colocou droga na bebida de Aníbal. Ele acabou passando a noite com a Carolina. Escondeu isso de mim o máximo que pôde, até que, duas semanas atrás, eu mesma o vi acompanhando-a no hospital para fazer um exame pré-natal. Foi aí que descobri toda a verdade. Ele curvou a cabeça, incapaz de me encarar, explicou em voz baixa: —Lívia, foi um acidente. Assim que ela der à luz, vou mandá-la embora. O bebê ficará com os meus pais, e nenhum dos dois vai aparecer na sua frente pelo resto da vida! Em nome do amor, Aníbal me fez ceder vez após a outra. Mas agora eu compreendo: não existe mais futuro para nós. Chegou o momento de eu partir.
Leer másLily estaba parada delante del espejo en la habitación, tan feliz.
Todo en ese día había sido perfecto.
Con una sonrisa, aliso los pliegues de su largo y blanco vestido de novia.
“¿Debería quitármelo?”
Pero había soñado con el momento en que su recién casado esposo le quitaría él mismo su vestido de bodas, "cuando todo el ruido en el salón cesara y finalmente, estuviéremos solos los dos en la habitación que compartiremos por el resto de nuestras vidas"
Lo esperaba desde hacía tres horas.
Cuando al fin estuvieran solos los dos.
Pensándolo de nuevo, sería mejor darse una ducha y cambiar su ropa. Pablo estaría exhausto después de todo el trajín del día y la ceremonia.
Cuando estaba a punto de ir al baño, alguien golpeo a la puerta.
- Señorita, el Señor Vermont le envía esto, dice que un jugo de naranja sería bueno mientras espera por él a que termine sus negocios con un socio de la compañía que asistió a la boda.
- Gracias – tomo la bandeja con el jugo - ¿Sabes si demorara mucho más?
- No me atrevería a preguntar Señorita Loren – la camarera respondió con una mueca de disgusto.
Lily siempre se sentía incómoda en aquella casa cuando Pablo no estaba con ella, todos los protocolos para las personas en la mansión la hacían sentir fuera de lugar.
- Está bien, lo siento por incomodarte.
Aunque pudiera dudar de si alguien como ella, algún día, podría ser parte de una familia como esa, nunca dudo del amor de su esposo por ella.
Incluso en un momento como ese, después de un largo día y en medio de una reunión, él pensaba en ella y le enviaba ese jugo.
Bebió todo el contenido de la jarra y retomó el camino al baño.
Se sintió mareada.
Terminar la ducha y cambiarse fue todo un desafío.
Se acostó calmando su mente ansiosa, debería intentar descansar un poco.
No era obligación consumar su matrimonio en la primera noche ¿No? Tendrían mucho tiempo para hacerlo.
De seguro eso de la noche de bodas no era más que un mito, después de vivir lo que era preparar la ceremonia, estaba segura de que más de un matrimonio se dormía del cansancio en la primera noche sin hacer nada.
Estaba a punto de cerrar los ojos cuando la abrazaron por detrás.
- Pensé que estarías ocupado un tiempo más – dijo con timidez.
No se animaba a mirar su rostro con los pensamientos que acababa de tener.
- Te veías tan hermosa en tu vestido de novia que no podía evitar preguntarme cómo sería poder quitártelo yo mismo – su voz sonaba ronca contra su cuello.
- No sabía si esperarte o cambiarme, creí que sería mejor tomar un baño
- ¿Algún día te podrás un vestido de novia para mí? – fue un susurro que se quebró al final, Lily notaba que algo no estaba bien, pero estaba tan ansiosa que no podía pensar en otra cosa, aparte del aliento del hombre contra la piel de su nuca.
- Pablo, ¿De qué hablas? - sentía que el calor subía a sus mejillas - ¿Para quién más usaría ese vestido?
Él presionó su cadera contra la de ella y entonces llegaron los nervios, porque lo que fuera que pasara esa noche, serían todas sus primeras veces.
Pablo la respetaba tanto que nunca la beso siquiera y ahora besaba desde su hombro hasta el lóbulo de su oreja, saboreando cada centímetro de su piel expuesta.
Lily temblaba ante las sensaciones que su cuerpo descubría con tan solo eso.
Cuando no pudo reconocer la colonia de su esposo, se lamentó de no poder concentrarse en los detalles del hombre que amaba. Quizás había bebido mucho alcohol y por eso sentía que él era más grande que cuando se paraba a su lado.
Requirió de todo su coraje darse vuelta para enfrentar la mirada ferviente de aquel hombre.
¿Sería por la oscuridad de la habitación que su ojos se veían diferentes?
Estaba asombrada con la cercanía que sentía y que le mostraba más de este hombre que no se había atrevido a imaginar.
Pablo parecía más delgado bajo su traje, pero ahora que buscaba los botones de su camisa era como si sus hombros fueran el doble de anchos y pudo sentir la firmeza de su pecho.
No sabía que él entrenaba.
La piel del hombre ardía en cada parte que Lily tocaba, pero quería más que solo sentir el calor de sus palmas, quería sentir todo su cuerpo pegado a él.
Cuando sus labios se encontraron, la aprisionó debajo de él y se acomodó entre sus piernas con un solo movimiento.
Como si esa fuera su única oportunidad para poseerla, no estaba dispuesto a perder el tiempo con preámbulos.
Lily jamás se animó preguntarle si él tenía experiencia en esto, así que no sabía si la brusquedad con la que empujaba contra la cama era un error o no, y como siempre supo que la primera vez dolía, cerró los ojos y soportó su abrupta invasión.
Aguantó cada una de sus embestidas con lágrimas en los ojos, sin ningún reproche.
Jamás imaginó que todo aquello, era solo un chiste para Pablo.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
- ¿No deberías estar con tu esposa?
- ¿Debería? – murmuró contra el pecho de Samantha
- Pablo, ya lo hicimos una vez – sonreía – Creo que deberías guardar algo de energía para mi prima.
- No la nombres mientras estamos juntos.
- No es la primera vez que hablamos de ella mientras hacemos el amor.
- ¿Vas a hacer esto de nuevo? En serio me desmotiva que la llames así hoy.
- ¿Qué la llame "tu esposa"? ¿O mi prima? - gimió cuando Pablo pellizco uno de sus pezones - ¿Sientes culpa? ¿Ahora que te has casado me vas a dejar? – separaba sus piernas para que él se acomodara entre ellas.
- No siento nada por ella
- Siempre dijiste lo mismo, pero se casaron de todos modos.
- Igual que tú y mi hermano.
- No estamos casados – levantó las cejas mientras recorría con sus uñas la espalda de Pablo.
- Creí que ya había fecha para la boda.
- No me casaré con él, a diferencia de ti, yo no quiero ser infiel.
- ¿O no quieres casarte con él porque le temes?
- ¿Me acostaría contigo a sus espaldas si le tuviera miedo?
- Incluso yo le temo a veces
- Pietro no es más que humo, no puede hacer nada contra su familia.
- Mm – se hundió en ella – Eso es cierto, él no hace nada.
A Pablo le excitaba la comparación con su hermano mayor, por sobre todo porque su juego favorito era quitarle todo lo que pudiera.
- ¿No … crees… que ella te esté… esperando? – preguntó entre jadeos.
- ¿Quieres que me detenga para ir con ella?
La mujer cerró sus piernas alrededor de la cadera de Pablo.
- Cásate conmigo.
La mujer abrió los ojos, asombrada, al tiempo que gemía.
- Te acabas de casar
- Luego de que te cases con Pietro
- ¿Por… qué?
- Quítale todo lo de los Vermont, y yo te daré todo lo de la familia de tu prima.
- ¿Crees que… podremos…?
- Estoy seguro
- ¿Después de… que ella ... Cobre la herencia de mi tío… anularás ese matrimonio?
- No solo lo anularé, me quedaré con todo lo de la familia Loren y contigo.
- Pero… Lily… se dará cuenta
- Le preparé un regalo de bodas que la mantendrá entretenida.
Samantha abrió la boca, pero Pablo aumentó la fuerza de sus movimientos y no la dejó pronunciar nada más.
Después de haber tenido la respuesta que quería entre gemidos y jadeos, la dejo dormir y se paró delante de la ventana, mirando hacia el ala de la mansión en la que habían llevado a cabo la celebración de ese matrimonio, horas atrás.
Había calculado que Lily estaría en la ventana opuesta, a la misma altura.
Si los vidrios no fueran tintados, incluso podría ver cuando otro hombre arruinaba a esa mujer.
Solo la luna era testigo de la malicia que la sonrisa en su rostro revelaba.
Marcó un número en su teléfono y habló con el ánimo de quien ve que todo sigue sus planes.
-¿Cómo va todo?
- El hombre que contrató ya está en la habitación de su esposa, Señor, pudimos confirmar que lo que deberían hacer – trago saliva, incómodo – se está haciendo.
- Perfecto, no te olvides de sacarlo de allí antes de que los efectos de las drogas terminen, ella no tiene que reconocerlo o se alarmará y eso arruinara todo.
- Estamos listos para eso, Señor, lo moveremos en cuanto usted salga para que los tiempos coincidan.
- ¿El auto está listo?
- Sí, Señor, recuerde no hacer más de treinta kilómetros con ese auto, no se desvíe de la ruta programada.
- ¿Qué sucederá con el auto?
- Después de que cambien de vehículo, su auto explotará para simular el accidente. Los boletos para su vuelo con la Señorita Samantha estarán en la guantera con la nueva documentación para que puedan salir del país.
- Los papeles de Samantha no serán necesarios
- ¿No irá con usted, Señor?
- Aún la necesito aquí para que me ayude con algo más.
— Aníbal, o amor é como um espelho. Quando se quebra, não volta a ser o que era. Não importa como você tente consertar, não importa a compensação que você faça, as marcas dos danos não desaparecerão.Olhei para ele, e disse com a voz firme e fria: — Por favor, vá embora e não nos incomode mais. Vou me casar com o Geraldo.— Casar? — Aníbal sentiu como se tivesse caído num porão de gelo, e todos os seus órgãos tivessem congelados de repente. — Vocês… vão casar? Deu um passo em frente e agarrou-me o pulso com tanta força que parecia querer parti-lo.Eu suportei a dor, cerrando os dentes, respondi: — Sim. Vamos nos casar. Não nos incomode novamente.— Não! Eu não vou permitir isso! Lívia, tudo que aconteceu no passado, foi culpa minha. Me dê mais uma chance. Eu juro que não vou te machucar de novo. Vou voltar a ser o Aníbal de antes, aquele que te amava com lealdade, fiel e que tinha olhos só para você. Ele me puxou com força, tentando me abraçar. Nesse instante, o Geraldo correu até
Mudei-me da cafeteria e fui morar na casa de Geraldo. A casa dele não ficava longe da cafeteria — ficava a dez minutos a pé. Todos os dias eu ia caminhando para a cafeteria, e à noite, quando saía do trabalho, Geraldo vinha me buscar. Voltávamos para casa caminhando juntos e, às vezes, passávamos no supermercado para comprar alguns mantimentos. A vida era modesta, tranquila e cheia de carinho.Quando eu estava com o Aníbal, andava sempre deprimida e pressionada, isso porque ele era o líder da família mafiosa Lima e estava tudo em cima dele. O meu maior desejo sempre foi abrir um pequeno café e passar uma vida livre ao lado de uma pessoa romântica. Mas, quando eu estava com o Aníbal tinha mudado o meu estilo de vida por causa dele. Me tornei uma pessoa gentil e generosa, e silenciosamente me tornei a mulher por trás dele.Depois de fechar a loja, Geraldo e eu caminhamos lado a lado pelo supermercado e estávamos decidindo o que comeríamos à noite. Ele segurava a minha mão com força e, de
Já se passaram duas semanas desde que cheguei ao País A. Agora estou instalada em uma cidade pequena, onde o ar é fresco e agradável, a vida é tranquila, exatamente como eu gosto. Aluguei uma pequena loja e abri a minha própria cafeteria. Com a rotina do dia a dia, raramente me lembrava do Aníbal. Imagino que o Aníbal, Carolina e o filho deles estejam vivendo felizes. Mas, sempre que penso neles, o coração que eu acreditava já estar dormente volta a doer em silêncio.Nesse momento, um homem entrou na cafeteria com um gatinho fofo nos braços. — Com licença, esse gato é seu? Ele estava na porta da loja, quase se perdeu.O gatinho fez um grunhido adorável e eu não pude deixar de tocar suavemente suas orelhas fofas. — Não, não é meu gato. — Então deve estar perdido, ou um gato vadio.O homem suspirou e perguntou hesitante. — Você gosta de gatinhos? Você quer adotá-lo? De repente, em algum lugar do meu coração, fui gentilmente tocada — não é má ideia ter por perto um animalzinho fofo
O Aníbal surgiu na porta furioso. Naquele instante, o único pensamento que passou na mente da Carolina: “É o fim!” Alan, apavorado, desabou no sofá. Embora a família Rodrigues também fosse da máfia, não passavam de um clã menor, sempre à sombra do poderio da família Lima — não tinha como competir. Aníbal entrou devagar na sala. Alan, nervoso, rapidamente lhe cedeu o assento. — Fala. O que está acontecendo aqui? — Aníbal não conseguiu se conter assim que se sentou.— Chefe Lima, tome um chá antes, acalme-se! — Alan entregou a ele uma xícara de chá e disse com um sorriso:— É verdade que eu tive um caso com a Carolina, mas você não imagina o quanto essa mulher é instável! A culpa não é minha! Além disso, quando descobri que ela estava grávida, até dei dois milhões para que abortasse! Mas ela não aceitou, continuou enganando a nós dois… E também sou vítima nessa história!— Quer dizer que… enquanto estava legalmente casada comigo, ela ainda se divertia com vocês? Engravidou e jogou a
Carolina não conseguiu se conter e berrou, furiosa. Estava cansada de todos a prenderem ao nome de Arthur, já morto. Além do mais, ela também nunca tinha tido só ele como namorado. Aníbal afastou a mão dela com um movimento brusco e respondeu, com todas as letras: — A sua felicidade não está comigo. Eu, do começo ao fim, só amei a Lívia. Ter casado com você foi apenas por causa de Arthur. A criança até pode ser reconhecida pela família Sousa, mas o lugar de esposa de líder… esse sempre será para Lívia!Ele saiu apressado do quarto, sem perceber a frieza nos olhos de Carolina, nem ouvir o ódio no murmúrio dela: — Foi você quem forçou Lívia a ir embora, e ainda finge que tem algum carinho por ela!Ela pegou o telefone e fez uma ligação. — Assistente Tadeu, quanto tempo, hein? Acabei de te mandar dinheiro, recebeu? Ótimo. Olha, me passe a agenda do Alan Rodrigues, preciso falar com ele.Depois de desligar, Carolina sorriu: — Aníbal, eu não devia ter desperdiçado meu tempo com você. S
Aníbal passou em cinco sinais vermelhos, acelerando como um louco até chegar em casa. No fundo, ele recusava-se a acreditar no que o mordomo tinha dito. Ontem estava tudo normal, como pude ir embora de repente? Impossível! Quando abriu a porta e entrou no meu quarto, o coração dele despencou no abismo. O lugar estava vazio, não havia ninguém e, pior, eu tinha levado todos os meus pertences. — Lívia! Lívia!Ele gritava pelo meu nome repetidamente, vasculhava por toda a mansão, abrindo cada armário, cada gaveta, procurando qualquer sinal de que eu ainda estava ali. Mas ele decepcionou-se. O que o deixou mais apavorado foi ver que os presentes que ele me deu estavam todos embalados em caixas, não tinha levado nada. — Lívia, você não me quer mais?Finalmente, viu que a parede, outrora coberta de fotos nossas, agora estava vazia. Aníbal caiu de joelhos, desesperado, vasculhou todos os cantos, mas não encontrou nada que pudesse dar algum sinal sobre mim.Totalmente desalentado, ele vo
Último capítulo