Todos los sirvientes fueron encerrados en el almacén trasero.
Había alguien asignado para vigilarlos.
Estrella y Claus cenaron como de costumbre sin ninguna otra perturbación.
Sin embargo, ambos comieron en absoluto silencio.
Estrella notó que el delicado rostro de Claus no parecía estar en su mejor momento, pero ella no habló nada al respecto, y él tampoco.
Después de cenar, Claus le dijo a Estrella: —Voy a ir al estudio a leer a un poco. Si estás cansada, ve y descansa bien. Voy a encarga