Claus estaba en su oficina bastante ocupado con algunos documentos cuando Javier le entregó una carta.
—Señor, alguien la ha dejado anónimamente en el parabrisas de su coche. En el sobre dice que debe abrirla usted personalmente. La he escaneado, y no contiene nada peligroso, solo una carta común—dijo Javier muy respetuosamente.
Claus recibió la carta y, al abrirla, efectivamente decía —Claus, ábrela— en una tipografía impresa, lo que hacía imposible adivinar quién la había enviado.
El remite