Rosa ya se empezaba a sentirse inquieta en ese lugar, ya que notaba que las respuestas de Rosalía eran siempre tibias y sin ninguna substancia.
Rosa se volteó y vio a Fátima sentada allí como un tronco, lo que la enfureció. Consideraba que esta era una oportunidad única, y la estaban desperdiciando en una persona indiferente. En su mente, estaba regañando a esta nuera inútil.
Tenían una oportunidad única e irrepetible de estar aquí y no sabían cómo aprovecharla, lo cual resultaba frustrante.