Estrella no retiró la mano, siguió a la Señora Yáñez y se sentó en el sofá.
—Abuela —dijo educadamente.
Abuela, esa forma de llamarla hizo sonreír a la Señora Yáñez, ella palmeó la mano de Estrella Sánchez.
—Eres tan buena chica, no te pongas nerviosa, a partir de ahora todos somos familia, si necesitas algo, puedes acudir a la abuela, yo te apoyo.
Estrella tiró de la comisura de los labios y pensó para sí.
¿No podía estar nerviosa? Se iba a casar con un lunático maníaco; la razón por la que la