Cuando Claus terminó sus asuntos oficiales, llegó al hospital. Afuera de la habitación, escuchó la risa de Rosalía y su conversación con Estrella. Curvó los labios y entró.
—Abuela, ¿qué no puede faltar? —preguntó Claus.
—Acabo de decir que la técnica de masaje de Estrella es muy buena y le pido que también te masajee cuando tenga tiempo. No sé si tienes esa suerte —bromeó Rosalía con una sonrisa.
Estrella se mantuvo tranquila y siguió masajeando las piernas de Rosalía, sin prisa ni pausa.
Cla