Nathan
Viajamos en un vehículo que mi padre rentó; un chofer nos llevó a la dirección que le di. Lo sentí como una eternidad, me sentía ansioso y nervioso. Podía escuchar los pálpitos de mi corazón en mis oídos. Quería estar tras el volante y acelerar a fondo para llegar más rápido. Cuando al fin estuvimos frente a la casa de Herman, me bajé del auto y corrí a tocar la puerta con golpes enérgicos. Nadie respondía. Seguí tocando y la vecina de al lado salió diciendo que no había nadie, que se fu