No le respondo. Entro al edificio y me apresuro a los ascensores. Ella me sigue.
—Vete. —Le digo sin mirarla.
—No, no voy a quedarme en la calle mientras espero a Simon.
—Espéralo aquí, a mi apartamento no vas a entrar.
Decido tomar las escaleras porque no pienso arriesgarme a que se suba conmigo en el ascensor. Cuando llego a mi piso, entro a mi apartamento y me encierro deseando retroceder el tiempo para no pasar por un momento tan amargo. Sin poder evitarlo, las lágrimas se hacen presente