Barbra.
En cuanto entramos a la oficina impregnada de ambos perfumes caros que pertenecen a Jon y a Travis. Diviso al señor tomate frente a nosotros sentado sobre su cómodo y elegante sillón del escritorio. Jon no se molestó en entrar, así que simplemente nos encontramos nosotros tres.
Travis con la mandíbula endurecida me observa a mi y a Ricardo.
—¡¿Están locos, ustedes dos?! —refiere en un tono de reclamo—. Barbra, te di la oportunidad de ganarte el puesto que ahora posees y te encuentro..