Barbra.
En cuanto se detiene bajo y con mis manos ocupadas me adentro al edificio. Pero al entrar veo como un hermoso perro color chocolate y peludo me recibe. Me quedo estática en mi lugar al ver como el pequeño perro mueve su cola y después se sienta soltando un gemido y luego ladea su cabeza mirándome con ternura.
Arrugo mis cejas, preguntándome quien lo trajo. Pero suavizo mi rostro al recordar que el único que tiene acceso a mi apartamento es Ricardo.
—¡Ay! Que cosa más linda —me pongo e