ELISE
—No creo lo que me cuentas —
— Yo tampoco lo creo, y que lo viví —me siento en el sofá frente a el
—Mi virgensito atrevido —aplaude —Debemos darle un premio —ruedo los ojos
— Déjate de idiotadas y ayúdame — ruego
—¿A qué? —cuestiona sentándose a mi lado
—Solo pienso en quitarle la ropa ahora, en estar sobre él y hacerle muchas cosas — ríe
— Pues él también ha de estar pensando en eso. Con un beso casi llega a tus tetas, imagínate, si le das cavida a más — sonrío
Sonrío por que el